BALADA DE LUNA

BALADA DE LUNA

Reg. M-005501/2013

Isabel Puyol Sánchez del Águila

Me sobrecoge pensar en la experiencia que vivieron mi amiga Carmen y su compañera de Universidad, Rocío, en Luna, en la Comarca de Cinco Villas de Zaragoza.
Todo ocurrió hace unos años, durante un viaje programado para estudiar a fondo el arte Románico de la zona. Ellas eran por aquel entonces estudiantes de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid. Conocían por los libros el amplio patrimonio de la zona en lo que se refiere a Iglesias del Románico, pero Rocío quería hacer un trabajo de fin de carrera centrándose sobre todo en la Iglesia de San Gil.
Buscando un alojamiento que se ajustara a sus posibilidades encontraron una casa rural en Luna. El entorno era perfecto, la casa era de piedra, con escaleras que bajaban a una preciosa piscina rodeada de un paisaje verde, que invitaba al descanso. Había otras habitaciones más, que durante aquellos días no estaban ocupadas, excepto una, en la que se alojaba una pareja joven. Carmen y Rocío pronto entablaron conversación con ellos, y comenzaron casi de inmediato a llevarse bien. En la segunda noche que pasaron allí, sentadas en el salón, junto con la pareja, comenzaron a hablar del propósito de su viaje. Ellas les contaron el trabajo que habían ido a realizar a la comarca, pero ellos parecían reticentes a hablar de su estancia en Luna. Justo en el momento en el que se mostraban reacios a contar cuáles eran sus intereses, Carmen se fijó en algo:
-¿Cómo es que llevas una grabadora?- le preguntó.
-Ah, bueno, es una historia peculiar, no sé si…- contestó Lara, que así se llamaba la joven.
-Sí, es que nosotros estamos haciendo grabaciones, me refiero a psicofonías, en las tumbas de Valdelibros, ¿las conocéis? – les preguntó Roberto, que era su novio.
Fue entonces cuando ambos les contaron que en aquel lugar hay unas tumbas antropomórficas llenas de misterio. Los vecinos de la comarca solían hablar de hechos inexplicables que tenían lugar con relativa frecuencia, la suficiente como para que ellos se hubieran interesado por conocerlas y por intentar captar algo. Lara llevaba la grabadora porque la habían ido a recoger, y aquella misma noche tratarían de escuchar algo en los sonidos que probablemente habrían quedado reflejados en la grabación. Aquello llamó mucho la atención de Carmen y Rocío, y les pidieron escuchar ellas también la cinta, a lo que la pareja accedió.
Subieron a la habitación de ellos, y allí los cuatro procedieron a escuchar la grabación. Los primeros minutos solo se escuchaba el sonido del viento, un viento enfurecido, pero al fondo podía escucharse algo como un llanto, una respiración angustiada. Rocío se percató de que también se escuchaban unas pisadas, muy sutiles al principio. Poco a poco las pisadas y el lamento se hacían cada vez más evidentes. Producían tanta tristeza como temor. Era imposible saber si se trataba de un niño, una mujer o un hombre, solo se escuchaba su angustia. Carmen decidió que era mejor que se fueran a dormir, que el día había sido largo y la grabación no era lo más adecuado para irse a la cama, así que las dos se fueron a su habitación.
Después de una noche sin pegar ojo bajaron a desayunar al comedor, donde coincidieron los cuatro. El desayuno venía a servirlo la dueña de la casa, preparaba la mesa con esmero y la llenaba de exquisiteces que ella misma preparaba. Era una mujer mayor, pero llena de vitalidad y una conversación amena. Pronto se percató de nuestro interés por las tumbas del Valdelibros y les aportó una información importante. Según ella, hace bastantes años, cuando ella era aún joven, desapareció del pueblo un niño pequeño, el hijo único de uno de los vecinos de Luna. Nunca más se volvió a saber de él y, según se especulaba, un extranjero que pasaba por el pueblo se lo habría llevado y lo habría asesinado cerca de las tumbas, aunque nunca se encontró el cadáver. Eso formaba parte de la realidad, pero luego surgió la leyenda de los lamentos que junto con el viento que solía soplar en la zona, formaban una triste balada. Había quien decía que a veces se veía pasar la sombra de un hombre, otros decían que era una mujer, o incluso el niño. El caso era que pocas personas se atrevían a ir a las tumbas al anochecer, porque de lo que todos estaban seguros era de que no se trataba de nadie de este mundo.
Nada más irse la dueña de la casa, Lara les propuso ir esa misma noche, aunque no demasiado tarde, a hacer una ouija a ese lugar “maldito” a ver si averiguaban algo, y así lo hicieron.
Serían las nueve de la noche cuando se dirigieron a la zona de las tumbas antropomórficas y colocaron el tablero de ouija. Lara y Roberto eran los que dirigían la sesión, los que entendían del tema. Al principio Carmen se sintió algo indispuesta y quiso irse, pero ante la insistencia de Rocío se quedaron. Cuando Roberto empezó a hacer las preguntas de rigor, no se lo podían creer, efectivamente la tablilla se movía. Entre el susurro del viento y el movimiento de origen desconocido del master, solo tenían ganas de echar a correr, pero se quedaron. Roberto fue directamente al grano, y después de preguntar al tablero si había alguien ahí, y de responder afirmativamente, llegaron las otras y aún más inquietantes respuestas.
-¿Has matado a alguien?- le preguntó Roberto.
-SI- fue la respuesta que les aclaró a todos de quién se trataba.
-¿Has huido?
-SI
-¿Cómo has muerto?
-ME CAÍ
-¿Quién eres?
-PIERRE
-¿Mataste al niño?
-MUCHOS, MUCHOS, MUCHOS… – comenzó la tablilla a moverse compulsivamente dando todo el rato la misma contestación.
En aquel momento, Lara se levantó y les dijo a todos que la sesión había terminado, que tenía que comprobar una cosa, que no era lo que ellos creían.
De vuelta a la casa rural, Lara les explicó que creía que estaban equivocados con las preguntas y que estaban haciendo más daño que otra cosa, que simplemente tenía que comprobar unos datos.
Carmen y Rocío esperaron hasta la tarde del día siguiente, porque por la mañana tenían que seguir con su estudio de arte Románico. Serían las seis de la tarde cuando apareció Lara por la puerta con una serie de apuntes en la mano, y les pidió que les acompañasen esa misma noche a hacer otra sesión de ouija, esta vez más orientada.
-Nos salió mal la ouija porque estábamos convencidos de estar hablando con el asesino del niño- dijo Lara.
-Él dijo que había matado a muchos niños- comentó Carmen.
-Sí, pero tiene una explicación. Yo primero voy a repetir esta noche la sesión, y según me conteste ya sabré de quién se trata- contestó Lara de forma enigmática, creando todavía más expectación en Carmen y Rocío.
Aquella misma noche volvieron a las tumbas del Valdelibros y los cuatro repitieron el ritual, punto por punto. Después de unas preguntas para asegurarse de que era Pierre quien estaba allí, Lara preguntó directamente:
-¿De quién huyes?
-DE LA GUERRA
-¿Eres un soldado francés?
-YA NO
-¿En qué año estás?
-1814
En aquel momento todos se dieron cuenta de que se trataba de otra persona totalmente distinta a la que ellos creían, aunque Carmen y Rocío no entendían muy bien la situación. Lara y Roberto sí parecían orientados en sus preguntas. Lara continuó, esta vez con más pena contactando con Pierre.
-Pierre, la guerra terminó hace siglos.
-NO –contestó de forma contundente el tablero.
-Te puedes marchar, ya nadie va a hacerte daño.
-ME FUSILARÁN
-No, ya eres libre, Pierre, te tienes que marchar, este no es tu mundo
Cuando Lara pronunció estas palabras, hubo un parón brusco de la tablilla, el viento dejó de soplar. Una paz invadió el ambiente contagiando a todos y, de repente, sin que nadie lo esperara, una luz blanca intensa salió de una de las tumbas y se desvaneció en la distancia. Ya era libre…
De vuelta a la casa, Lara les explicó que su familia era de Benasque, un pueblo aragonés también. Ella había oído a su abuelo contar en innumerables ocasiones la historia de la Guerra de la Independencia. De cómo su pueblo había sido el último residuo francés en suelo aragonés, y de cómo había sido liberado por el coronel Sebastián Fernández a comienzos de abril de 1814. Debió de ser una batalla cruenta con muchas bajas en ambos ejércitos y entre la población civil. Pierre debió de ser uno de los jóvenes soldados que desertó al ver perdida la guerra. O quizás desertó por no poder soportar las acciones violentas de su propio ejército, aunque probablemente fue por todo eso. Debió morir al romperse algún hueso al caer en una de las tumbas y no haber nadie por la zona para socorrerle. Aunque eso ya eran solo especulaciones de las que nadie podrá saber jamás la verdad. El caso es que se trata de un lugar de España cargado de misterio y de historia, y luego que cada uno saque sus propias conclusiones…

FIN


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