LEYENDA DEL INFANZÓN DE LUNA

LEYENDA DEL INFANZÓN DE LUNA

Reg. M-005501/2013

Isabel Puyol Sánchez del Águila

Sígame contando, doña Herminia, aquella extraña historia de esa localidad de la Comarca de Cinco Villas. Le pedía mientras ella me servía un té humeante y se colocaba las gafas que continuamente le resbalaban por la nariz.
Fue un verano de hace ya bastante tiempo, cuando todavía me podía subir a los andamios y todo eso. El ayuntamiento de Luna, que está en Cinco Villas, Aragón, me contrató para llevar a cabo una pequeña restauración. Se trataba de un capitel con imágenes de la vida de Cristo y de San Gil, de la Iglesia de San Gil de Mediavilla. Es una Iglesia Románica del siglo XII, sencilla pero imponente a la vez. Las columnas están adosadas a las paredes, con lo me habían colocado un andamio con aspecto de ser bastante seguro. En todo momento me acompañaba Pilar T., una funcionaria del Ayuntamiento con quien hice bastante amistad. Tuvo la amabilidad de alojarme en su propia casa durante el tiempo que estuve en Luna. Ella, al ser también una experta en el tema, aunque no era restauradora, permanecía sentada a mi lado en el andamio durante los trabajos. Lo cierto es que lo pasábamos bien y el tiempo volaba junto a ella. La puerta estaba siempre cerrada, solo estábamos las dos, a veces poníamos música, pero ni siquiera la echábamos de menos todos los días. Una de esas mañanas calurosas, cuando más concentradas estábamos en el trabajo, sentí un pequeño escalofrío, una sensación de vacío repentino. No sé por qué, pero me giré lentamente. Me quedé petrificada, no estábamos solas, había alguien allí. Pronto me di cuenta de que no era una persona, era algo diferente, producía la sensación de ingravidez y parecía estar rezando. Con un terror que me petrificaba tiré del brazo de Pilar, que se volvió a mirar. Susurrándome al oído me dijo:
-No te muevas, no hagas nada, como si no lo vieras…
-¿Qué es eso?- le pregunté aterrada hablándole al oído.
-Espera…
Unos segundos después, la figura fue flotando hacia la puerta y se desvaneció. Agarrándome fuerte al andamio para no caerme le pregunté qué era aquello que acabábamos de experimentar.
-¿Hemos visto un fantasma?
-No, exactamente, es un espectro. Hay diferencia entre las dos cosas. Un espectro es como una imagen que se queda grabada en el tiempo, no se trata del espíritu de nadie.
-¿En qué se diferencian?- le pregunté.
-Es fácil. El espectro sigue su rutina y no te puede ver, aparece y desaparece independientemente de que tú estés ahí. Lo que ocurre es que te he dicho que no hicieras nada porque esa es la actitud que hay que tener ante este tipo de fenómenos. El fantasma es otra cosa. Sí es consciente de tu presencia y suele buscar algo de ti. Puede ser una presencia positiva o negativa.
-¿Qué espectro era este?- le pregunté.
-La verdad es que yo pensaba que era una leyenda, pero ya he comprobado que no. Es el Infanzón triste de Luna. Parece ser que en el siglo XIII el rey don Jaime I de Aragón, concedió a unos 342 habitantes de Luna, el estatus de Infanzonía. Fue una forma de buscar apoyos en Cortes, frente al poder de los Barones del Reino de Aragón. Los Infanzones tenían ciertos privilegios que les permitía dedicarse a sus negocios, algunos marchándose a tierras lejanas. Ese parece que fue el caso de este joven. En el siglo XIV, según cuentan, el noble buscó fortuna en Oriente, buscando casarse con la hija de un Barón. A su vuelta, la Peste Negra había aniquilado a tres cuartas partes de la población. No encontró a casi nadie con vida y, por supuesto, la joven con la que pensaba casarse también había desaparecido ya. Desde el día de su vuelta, se dedicó a venir a esta Iglesia a rezar todos los días de su vida, y parece ser que lo sigue haciendo…
La historia era triste, y el espectro parecía inofensivo, pero me daba pavor volver a verlo y, todavía más, estar sola mientras trabajaba. Durante los días siguientes lo volvimos a ver una vez más, y tengo que admitir que volvió a producirme escalofríos. Ataviado con su capa y capucha, mirando hacia abajo. Era difícil verle el rostro, aunque yo evitaba cualquier tipo de contacto visual, haciendo caso a Pilar.
Una tarde me quedé sola en la Iglesia porque Pilar tuvo que ir a hacer algunos recados. Tengo que decir que el miedo apenas me dejaba trabajar, procuraba no mirar hacia atrás. Notaba una bajada de temperatura sensible, desagradable incluso en aquellos días de calor. Yo procuraba concentrarme en mi trabajo del capitel, pero se me cayó el pincel. Al girarme, ahí estaba la figura siniestra. Haciendo caso de Pilar, decidí ignorar el fenómeno, pero notaba algo distinto, algo que me hizo levantar la cabeza. ¡Dios mío!, no puede ser…¡me está mirando!. Dejándolo todo en la Iglesia, salí corriendo sin mirar hacia atrás. Llegué a casa de Pilar, que está junto al casco medieval y le conté lo que me había ocurrido. Pilar, que estaba desconcertada, me pidió que me olvidara del tema hasta que no volviera a ocurrir.
Aquella noche la pasé teniendo pesadillas, sentía angustia, como si me fueran a matar. Yo nunca he tenido ese tipo de pesadillas. Soñaba con mi hijo, que murió cuando era pequeñito, en el sueño me pedía ayuda. Yo me desperté sudada y llorando. Algo me había perturbado mucho, y solo podía ser aquella presencia tétrica.
Estábamos a punto de concluir nuestro trabajo en San Gil de Mediavilla, cuando volvió a pasar. Esta vez nos esperaba en la puerta, como impidiéndonos en paso a Pilar y a mí. Ella estaba tan pálida y asustada como yo. Dábamos tímidos pasos hacia atrás, como si eso nos pudiera ayudar en algo. Yo contenía el grito poniéndome la mano en la boca. Esa presencia nos miraba de una forma muy penetrante, no pareciendo dispuesto a dejarnos pasar. Comenzamos a rezar con los ojos cerrados, no sé durante cuánto tiempo estuvimos así, pero al abrir los ojos había desaparecido. Echamos a correr para salir de allí lo antes posible. Comenzamos a no sentirnos seguras en ninguna parte, sabíamos que volvería a aparecer. Pilar tenía una idea.
-Conozco a una señora de una localidad cercana, Erla, que sabe muy bien cómo tratar estos temas. Necesitamos ayuda, es obvio que no es un espectro inofensivo, no estamos a salvo en ninguna parte.
Pilar se puso en contacto con aquella señora, que era bastante mayor que nosotras, pero con más energía de la que tenía yo. Ella parecía tener alguna solución.
-Quiere algo de vosotras. Tenéis que contactar con él. Yo estaré a vuestro lado, que le preguntaréis quién es y qué es lo que quiere. Yo utilizo la escritura automática. Solo necesito un bolígrafo y un papel en blanco. Pero tenéis que estar preparadas para cualquier cosa, quiero decir, que puede ser hostil – nos dijo Ana, que así se llamaba, con una tranquilidad que asombraba.
Llegó el día en el que trataríamos de contactar. Yo tenía miedo, más del que podía soportar, pero sabía que tenía que hacerlo. Además, las pesadillas no paraban, iban a peor. Ana se sentó en una pequeña silla que había llevado con un brazo sobre el que escribir. Nosotras nos sentamos en el suelo, una a cada lado. Teníamos los ojos cerrados y comenzamos con una oración. Ana, con los ojos en blanco, parecía estar en trance. Justo en ese momento nos había pedido que hiciéramos las preguntas. Solo hicimos dos, y la mano de Ana comenzó a moverse rápidamente como enloquecida, no parecía que de ahí pudiera salir ninguna frase, pero la había:
-¿Quién eres?
Miguel N.
-¿Qué quieres?
Encontrar a mi hijo
Solo obtuvimos esas dos respuestas que, según Pilar, eran suficientes. Bastaría con consultar en los archivos parroquiales quién fue Miguel N., y en caso de ser vecino de la zona, no resultaría difícil saber algo sobre él.
Más escalofriante que la experiencia paranormal en sí, fue conocer su historia. Se trataba de un vecino del pueblo, viudo y con un hijo de diez años, que fue hecho prisionero y asesinado en la Guerra Civil, en 1937. Su hijo se quedó solo con la única compañía de su perro, hasta que fue llevado a Rusia, junto con otros niños sin padres. Parece ser que murió ya a una edad más o menos avanzada
Teníamos que volver a contactar, era necesario hablar con él. Ana volvió a acompañarnos con su cuaderno. Esta vez, una vez comenzada la sesión, sí apareció él, envuelto en una manta, como las otras veces. Nos miraba fijamente, con angustia. Fue Pilar quien finalmente habló:
-Tú hijo no está aquí, ya te puedes reunir con él. Todo está bien…
En ese momento la imagen de un perro blanco y alegre comenzó a rodearle, moviendo la cola, guiándole hacia algún lugar. Era obvio que era el perro de su hijo, y que lo llevaba junto a él. Ambos se desvanecieron marchándose en la misma dirección.
Consternadas por lo que acabábamos de ver, yo no podía entender una cosa.
-¿Por qué me eligió a mí?
-Porque tú perdiste a un hijo, y una persona que ha sufrido una pérdida está más predispuesta a entender a alguien que ha pasado por lo mismo – me contestó Pilar.
Antes de marcharme de Luna, pasé por la Iglesia, quería rezar, sentía una mezcla de paz y tristeza. Esta vez ya no tenía miedo. Miré hacia atrás, pero no había nadie, ni siquiera el espectro del Infanzón, que me imaginaba que seguiría con su rutina de apariciones. Me consolaba pensar que su alma descansaba en paz, que solo era su tristeza la que había quedado grabada en el tiempo. Quizás para evitar que las grandes tragedias se olviden.

FIN

Imagen del autor Edmund Balir Leighton , título: “God Speed”


One response to “LEYENDA DEL INFANZÓN DE LUNA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s