NO MOLESTAR

NO MOLESTAR

Nº de registro: M-006520/2013

La Insólita historia de Ana y Rita
La extraña historia que voy a contar sucedió hace muchos años, cuando mi amiga Rita y yo éramos estudiantes. Después de un curso de mucho estudio y bastante éxito, llegó el verano, y con él nuestra gran aventura. Todo empezó cuando un amigo común nos habló de una sustitución en un hotel de la costa. Eran dos puestos de camareras de piso, en un hotel de los que llaman con encanto, situado en la Provincia de Málaga, bastante cerca del mar. Sin pensárnoslo acudimos a la entrevista de trabajo, que una Consultora nos hacía en Madrid, sin necesidad de desplazarnos. Nos seleccionaron casi de inmediato, ya que las dos dominábamos varios idiomas y éramos jóvenes, aunque sin experiencia laboral.
El día en el que nos montamos en el tren de camino a Málaga íbamos emocionadas. Rita tenía una alegría contagiosa, con la que conseguía que cada momento y experiencia de la vida fueran emocionantes. No parábamos de hacer planes sobre qué haríamos en nuestro tiempo libre y todo lo que íbamos a disfrutar de la noche y la playa. Pero nada más llegar a nuestro destino, después de preguntar mucho y de perdernos continuamente, se nos vino abajo el ánimo. Estábamos a los pies de una colina, y allí arriba estaba el hotel, al que había que acceder por un camino de tierra serpenteante. No era un lugar accesible sin coche, pero nosotras tuvimos que subir a pie. Era obvio que sería imposible salir de noche y ni siquiera ir a la playa en nuestro tiempo libre. Rita estaba más animada que yo, pensando que quizás haríamos amistades en el hotel y podríamos incluso salir todos juntos. Ella jamás se desilusionaba con nada.
El hotel era un precioso cortijo lleno de flores de vivos colores, y perfectamente remodelado. Era bastante grande, y en aquella época del año la ocupación era completa. Fuimos bien recibidas por la gobernanta y por el resto del personal, pero no nos dejaron descansar ni para tomar aliento. Nada más llegar nos entregaron los uniformes y nos pusimos a limpiar habitaciones. La mayoría de los huéspedes eran turistas extranjeros que solo iban a dormir por la noche, ya que básicamente se dedicaban a hacer rutas en bicicleta, para lo que aquel lugar era perfecto. Aquel cortijo era lo más parecido que puede haber al Paraíso, excepto porque estaba totalmente aislado del mundo y eso me generaba cierta ansiedad. Rita, que disfrutaba curioseando por todas parte y preguntándolo todo, pronto descubrió que había otro pequeño cortijo algo más alejado del nuestro. Se trataba del antiguo cortijo, el original. Nosotras estábamos en una edificación posterior construida específicamente como hotel rural. Aquel lugar estaba cerrado y no tenía ninguna utilidad comercial, ya que la dueña todavía vivía y tenía allí sus enseres y recuerdos familiares, al menos parte de ellos.
Todo comenzó una tarde en la que la gobernanta, desbordada por la cantidad de huéspedes, y debido a un error, se encontró sin suficientes habitaciones. Después de pedir permiso a la dueña, nos pidió que aquella misma tarde Rita y yo fuésemos al viejo cortijo y preparásemos la habitación principal. Era una tarde sofocante, el calor apenas dejaba respirar, y el silencio asustaba, íbamos por el monte las dos solas, escuchando como único sonido el de las abejas y abejorros, que eran muchos. La abundancia de flores conllevaba también el exceso de insectos. Nada más llegar al cortijo, nos impresionó. Era grande y silencioso, pero también siniestro, no invitaba a pasar. Las paredes blancas estaban algo descuidadas, y no había macetas en los balcones. Le faltaba vida, todo lo contrario que el hotel, que a pesar de su aislamiento, era un sitio alegre y vivo. Costaba trabajo imaginar que alguien pudiera haber vivido allí en alguna época, tan rodeado de silencio y tan lejos del mundo. La puerta estaba atascada, y nos costó trabajo abrirla. Finalmente, una vez abierta, ninguna de las dos queríamos pasar. Tardamos un rato en decidirnos a entrar, y yo diría que al abrir aquella puerta no solo estábamos abriendo la puerta de un cortijo.
Nada más entrar nos quedamos calladas, mirando a todas partes, temiendo que alguien pudiera salir de algún rincón. Era de ese tipo de sitios donde sabes que puedes ser observada desde múltiples rincones, y esa era la sensación que tuvimos nada más cruzar la puerta. Cuando nos dirigíamos hacia la habitación, un golpe seco nos hizo gritar y girarnos rápidamente cogidas de la mano. Era un cuadro que se había caído. No tenía mucho sentido, pero quizás al abrir la puerta una ráfaga de aire lo pudo haber tirado. Seguimos, cogidas de la mano y andando lentamente, hasta llegar a la puerta de la habitación. El siguiente sobresalto vino cuando vimos que había un cartel de “No molestar” colgando del picaporte.
-¿No estaba vacío este cortijo?- le pregunté a Rita.
-Nos dijeron que nunca se había utilizado como hotel, a lo mejor a sido la gobernanta quien lo ha puesto para que no pase nadie- me contestó, aunque no muy convencida de lo que decía.
Nada más pasar a la siniestra habitación, aunque bonita y elegante, lo primero que nos llamó la atención era que los espejos estaban cubiertos con sábanas, pero no el resto del mobiliario.
-He oído decir que los espejos son una especie de puente entre este mundo y el otro. No creo que los hayan cubierto para que no se manchen- me dijo Rita, cada vez más pálida.
Sin querer entretenerme mucho, le pedí que nos diésemos prisa en preparar la habitación, para marcharnos de allí lo antes posible. Yo decidí cerrar la puerta, porque me sentía más segura, aunque Rita pensaba que eso nos dejaba en situación de indefensión. Yo puedo asegurar que cerré con pestillo, pero no sirvió de nada. De repente, cuando estábamos haciendo la cama, la puerta se abrió de una forma brusca, igual que había caído el cuadro.
-Hay alguien en el jardín- me dijo Rita aterrorizada y en voz baja, consciente de que estábamos en peligro.
Era cierto, se podían escuchar las pisadas de alguien cerca de la ventana. Teníamos que marcharnos ya, sin comprobar si realmente estábamos solas o no, porque la sensación de peligro era muy real. Entonces ocurrió algo que nos horrorizó, sin esperárnoslo. No sé por qué, pero la sábana que cubría el espejo grande se cayó sin que nadie la tocara. Y allí había alguien. Pudimos ver con toda claridad que alguien estaba justo detrás de nosotras. Era una mujer de mediana edad, con el pelo recogido en un moño y vestida de luto. Nos miraba fijamente y con odio, echándonos claramente de allí. Nosotras, casi sin aliento del terror que sentíamos, salimos corriendo de la habitación, dejándolo todo sin hacer. Sabíamos que aquello nos costaría nuestros puestos de trabajo, pero sentimos claramente la amenaza. Yo sé que esa mujer o lo que fuera no nos hubiera dejado quedarnos ni un minuto más.
Al llegar al hotel, la gobernanta, al vernos despeinadas, y en estado de shock reaccionó de una forma inesperada.
-Ya sé, ya sé, no me digáis nada. ¿La habéis visto, no?- nos preguntó, o más bien afirmó.
-¿A qué se refiere?- le preguntamos las dos.
-No deberíais haber destapado los espejos, porque me imagino que lo habéis hecho. Yo pensaba sacarlos de la habitación antes de que la ocuparan. A veces pasan cosas, aunque es mejor no hablar de esto con nadie. No debería contaros nada, pero quiero que no contéis nada a nadie. Se trata de la antigua dueña del cortijo, la madre de la actual. Es una historia muy fea que se remonta a la Guerra Civil. Parece ser que eran dos hermanas que no tenían buena relación, de aspecto eran parecidas, pero no de carácter. Una de ellas denunció a la mayor por asesinato, aprovechando el desconcierto y la violencia de la guerra. Sabía que la fusilarían, como hicieron, o por lo menos eso cuentan. Una vez muerta sería ella la que heredaría el cortijo. Lo cierto es que no tengo ni idea de quién es esa extraña presencia que yo en una ocasión vi, justo reflejada en el espejo. Puede ser la traidora o la que fusilaron, no lo sé, pero hay mucha hostilidad en su mirada. Yo creo que hay cosas en las que es mejor no entrar, deberíais olvidar lo que habéis visto, no todo el mundo ha experimentado eso, más bien somos pocos, pero es preferible no ir mucho por allí. Ahora es mejor que sigáis trabajando.
La historia que nos contó la gobernanta encajaba con lo que habíamos visto, pero fuera lo que fuera aquella presencia, estaba llena de odio. Aquella noche nos fuimos a dormir, pero algo extraordinario nos ocurrió. Afortunadamente compartíamos habitación. Lo primero que hizo Rita al irnos a dormir, fue tapar el espejo de la habitación. No estábamos tranquilas, en cierto modo nos sentíamos amenazadas. Cuando estábamos tratando de dormir, giré la cabeza y vi a Rita incorporada en la cama y paralizada, echándose hacia atrás con gesto de terror. Yo no había visto nada.
-Era ella, ha aparecido justo ahí, a los pies de la cama. No paraba de mirarme. No sé qué quiere- me dijo casi sin voz.
Aquella noche no pudimos dormir, solo echamos una cabezada ya de madrugada, que fue cuando fui al cuarto de baño, que estaba en nuestra habitación. Yo sentía miedo y no miraba al espejo del baño, que no habíamos tapado. Al abrir la puerta del baño para volver a mi cama, me quedé petrificada. Aquella no era mi habitación; no sabía dónde estaba, además, no estaba sola. Una anciana, vestida con un camisón blanco, me observaba sentada en un sillón, parecía esperarme. Con el corazón acelerado cerré la puerta otra vez y traté de tranquilizarme. No sé cuánto tiempo estuve allí, pero finalmente abrí la puerta con cuidado. Mi gran alivio fue comprobar que estaba otra vez en mi habitación. Desperté a Rita para contarle lo ocurrido y las dos decidimos bajar a desayunar. Al principio no queríamos contarle nada a la gobernanta, pero al ver nuestras caras supo que algo iba mal. Cuando le contamos nuestras experiencias de aquella noche, supe por primera vez que algo así de extraordinario podía ocurrir.
-Rita vio a la anterior dueña del cortijo, pero tú has visto a la actual- me dijo.
-Eso significa que ha muerto ¿no?- le pregunté.
-No. Tú la has visto esta noche, y ella ha llamado hace un rato, justo cuando bajabais por la escalera.
-¿Quiere decir que he visto al fantasma de una persona viva?- le pregunté.
-Sí, está enferma en un hospital de Málaga, pero le queda poco de vida y está claro que ha decidido hacerte una visita- nos dijo algo sorprendida pero continuando con sus rutinas.
Apenas podíamos articular palabra; era la primera vez que escuchaba que existen los fantasmas de personas vivas, y lo tenía que haber experimentado yo.
Aquel día librábamos Rita y yo, así que decidimos ir a Málaga a visitar a aquella señora, porque consciente o inconscientemente quería vernos. Cuando entramos en la habitación me quedé sin aliento, era exactamente lo que yo había visto aquella madrugada, era ella y el lugar que había tras la puerta. Sentada en un sillón, casi sin oxígeno ya, aquella anciana pareció alegrarse de nuestra visita. Después de una breve conversación inicial nos contó la historia de su madre, Adela.
-Todo el mundo creía que mi madre era una traidora. Ella denunció a su hermana porque era una asesina. Todo el mundo pensó que el motivo era la herencia, pero no era cierto.
-Entones, ¿no era su madre la anterior dueña del cortijo?
-Sí, y no. Mi tía consiguió escapar, de hecho su cuerpo nunca apareció, pero se aprovechó del descontrol de la Guerra, y fueron muchos los cuerpos que desaparecieron. El hecho es que ella volvió una noche y asesinó a mi madre, haciéndose pasar por ella el resto de su vida, porque eran muy parecidas y vivían aisladas. Mi madre fue asesinada y su memoria manchada para siempre. Todo esto lo supe hace poco, pero ahora ya me faltan las fuerzas y nadie me haría caso. Además, ya no vive nadie que conociera a ninguna de las dos. La gente olvidamos a las personas y sus historias, es ley de vida.
-¿Qué presencia habita ese lugar ahora?- le preguntó Rita sin ningún tipo de miramientos.
-Es mi tía Eugenia, que toda su vida se hizo pasar por mi madre. Tenía obsesión por la propiedad del cortijo, y nunca lo abandonó.
-¿Qué podemos hacer nosotras para ayudarla?- le pregunté yo.
-Podéis llevarle flores a su tumba, porque estoy segura de que mi tía la enterró donde nadie miraría nunca, en la tumba de mis abuelos que está en el jardín. También podéis hacer otra cosa; buscad la forma de que su historia se conozca. Quiero que la gente sepa que la auténtica Adela fue asesinada y no era una traidora. Poco más se puede hacer…
Aquella misma tarde fuimos al cortijo antiguo y llevamos un ramo de flores. Por alguna razón ya no teníamos miedo. Me vino a la mente el proverbio budista que dice: “Lo que posees te acaba poseyendo”. Eso era exactamente lo que le pasaba a Eugenia, que se negaba a abandonar el cortijo. No nos costó trabajo encontrar la tumba de los padres de Adela. Efectivamente la lápida tenía aspecto de haber sido movida en alguna ocasión. Colocamos el ramo de flores y le dedicamos una oración. Y, por supuesto, nos decidimos a contar la historia…
La hija de Adela consiguió ser enterrada junto a su verdadera madre, y que su historia saliera a la luz.
FIN


3 respuestas a “NO MOLESTAR

  1. Todo esto lo escribe usted de su propia imaginación? Es demasiado bueno, me gusta leer este tipo de cosas y estas la verdad son excelentes, me encanta!!

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    1. Gracias, de verdad. Sí escribo todo de mi imaginación, y algunas cosas basadas en experiencias propias o de amistades. Solo hay que prestar atención a los detalles, y te darás cuenta de que el misterio está por todas partes.

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