JARDÍN DE SOMBRAS

JARDÍN DE SOMBRAS

Nº Reg.Propiedad Intelectual: M-007166/2017

Isabel Puyol Sánchez del Águila

 

 

Corría el año 1942, cuando la afamada y apreciada vidente doña Luz recibió una extrañísima visita. Allí, sentada en el salón junto a un gran ventanal de su casa de Cáceres escuchaba la petición de la que sin duda sería su cliente más singular.

Visiblemente nerviosa, Julia, una mujer de unos cuarenta años y elegantemente vestida necesitaba su ayuda. Su marido y ella se acababan de mudar a vivir a una enorme finca cacereña, lejos de casi todo, pero rodeada de lujo. La guerra no los había empobrecido a ellos, al contrario que a la mayoría de la gente.

Doña Luz le invitó a que le contase por qué necesitaba de sus servicios, y Julia comenzó a detallarle su situación.

-Verá, estoy viviendo una auténtica pesadilla en mi nueva casa. Digamos que no estamos solos, aunque soy yo la única que lo puede ver. Hay una presencia a la que deseo echar de allí para siempre, pero tengo que ser yo sola la que lo haga, y necesito que usted me diga cómo hacerlo.

La vidente no entendía el motivo por el que ella no podía estar presente en una sesión de espiritismo, que era el procedimiento habitual. Además tenía otra pregunta que hacerle.

-¿Conoce usted a quien se manifiesta?

-No, pero sé que quiere hacerme daño, y aunque no me importa el motivo de su odio, sí deseo que vuelva al lugar en el que tiene que estar, que por supuesto no es mi casa- le contestó Julia muy alterada.

-¿Es un hombre o una mujer?, ¿qué aspecto tiene?-le preguntó

-Es un hombre de aspecto distinguido, alto y robusto, pero amenazante. Ni siquiera nos atrevemos a salir al jardín; hay una extraña oscuridad allí- le contestó Julia.

-No entiendo por qué no puedo asistir yo para tratar de contactar con él y explicarle que no puede estar allí. Sin duda, si es usted la única que lo ve, es porque necesita su ayuda

La cuestión era, según Julia, que su marido no sabía absolutamente nada de lo que allí ocurría. No hubiese podido explicarle la presencia de doña Luz en su casa. Lo último que deseaba era ser tomada por loca, de modo que tenía que ser muy discreta.

Sin parecerle una buena idea, pero tratando de ayudar en lo que estuviese en su mano, la vidente le explicó algunas de las cosas que tenía que hacer. Lo primero sería tratar de provocar su presencia, y luego, manteniendo la calma, preguntarle directamente quién era y qué quería de ella.

De vuelta a casa, Julia no paraba de darle vueltas a lo que doña Luz le había explicado. Resultaba pavoroso invocar a alguien del Más Allá y tratar de hablar con él, pero tenía que hacerlo.

Pasados unos días, Julia volvió a aparecer por la casa de la vidente, y le detalló todo lo ocurrido:

“Verá, doña Luz, todo ocurrió de una forma extraña; me resulta difícil de contar. Una noche de luna llena fui a mi habitación, donde tengo un gran espejo frente a mi cama. Encendí una pequeña vela y me puse allí delante, esperando a ver su imagen reflejada, tal y como usted me indicó. El viento agitaba las ramas de los árboles y golpeaban la ventana, hasta que de repente, se abrió bruscamente y me tuve que levantar a cerrarla. Fue al girarme cuando lo vi en el espejo. Me miraba fijamente, y yo simplemente le dije que se fuera, que nos dejara en paz, que nos estaba haciendo la vida imposible. Pero no se inmutaba; seguía ahí, mirándome fijamente. Ahora la cosa ha ido a peor, porque todas las noches llaman a la puerta, y cuando bajamos, nos la encontramos abierta, y no hay nadie por ninguna parte.”

La historia de Julia extrañó mucho a doña Luz, que no conseguía entender algunas cosas, y necesitaba conocer algunos detalles.

-¿No le preguntó usted quién era? ¿dónde estaba su marido aquella noche?- le preguntó muy extrañada.

-Mi esposo no se encontraba en casa aquella noche. No me dio tiempo a preguntarle a aquella presencia quién era ni qué quería. Estaba demasiado asustada. No sé qué hacer.

Doña Luz, mirándola durante un rato con cierta extrañeza, le pidió algo de tiempo para encontrar alguna solución, pero le aconsejó que le contara a su marido todo lo que estaba ocurriendo. Julia así lo hizo, y le aseguró que un par de semanas volvería por allí para saber si había algún tipo de amuleto o ritual, o algo así.

Pasaron unos días, y al amanecer llamaron con fuerza a la puerta de la casa de Julia. Su marido y ella, extrañados, bajaron a ver de quién se trataba a esas horas. Fue enorme su sorpresa cuando abrieron y comprobaron que se trataba de doña Luz acompañada por dos agentes de la Policía.

-Tenemos una orden judicial de registro- le dijo uno de los agentes ante la acusadora mirada de la vidente.

No tardaron mucho los policías en desenterrar un cuerpo de su jardín, mientras Julia y su marido eran detenidos acusados de asesinato.

-¿Por qué me ha hecho esto?- le preguntaba Julia a la vidente mientras se la llevaban detenida.

“Doña Julia, hubo varios detalles que se le pasaron por alto cuando vino a verme. Uno era que usted no deseaba que yo contactase directamente con esa presencia, porque no me habría costado mucho trabajo descubrir que se trataba de su verdadero esposo. Ustedes lo asesinaron y lo enterraron en el jardín. Su amante suplantó su identidad, por eso se mudaron ustedes a vivir al campo, lejos de los lugares donde conocían la identidad de su verdadero marido, que por cierto, era muy rico. Además, miente usted muy mal. Primero me dijo que no quería que él supiese que estaba teniendo visiones, y sin embargo, cuando me relataba los episodios vividos, hablaba usted en plural, como si él también lo estuviese padeciendo, luego ahí había otra mentira. Además, el día que usted contactó con esa “extraña” presencia dijo que su marido estaba fuera, pero no me dijo dónde, y si él es un hombre que viaja, no le hubiese costado trabajo llamarme a mí para llevar a cabo la sesión. Como a mí la intuición no me falla, me dediqué a preguntar a algunas personas de las que acomodaron su nuevo hogar antes de que ustedes se instalaran. Hubo un par de testigos que me aseguraron que vieron a dos personas durante la noche cavando una fosa en la parte trasera del edificio, aunque pensaron que estaban enterrando alguno de los animales que pululaban por la finca, y que habían matado para dejar el terreno despejado para cuando llegaran los nuevos dueños. Como verá no ha sido en absoluto difícil. Por cierto, cuando vino usted a verme por última vez, pude comprobar que no venía sola, que alguien del otro mundo le acompañaba. Yo hice lo que él me pidió, que no fue otra cosa que desvelar quiénes fueron sus asesinos, y encontrar su cuerpo para darle cristiana sepultura. Al menos ahora podrá descansar en paz, de momento este jardín ha recuperado su luz”

FIN

 

Imagen- Autor: Henri Duhem – Título: “Moonlight in Village”

 


2 respuestas a “JARDÍN DE SOMBRAS

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