LA CONFIANZA DE REGINA

LA CONFIANZA DE REGINA

Nº Reg.Propiedad Intelectual: M-007166/2017

 

Isabel Puyol Sánchez del Águila

 

Febrero de 1897

Una noche oscura y lluviosa, mientras Regina escuchaba con inquietud los golpes de las ramas de los árboles de su jardín en los cristales, alguien llamó a la puerta. Asombrada por las horas, fue ella misma a abrir y comprobar quién era. Allí en la puerta se encontraba una mujer de aspecto desconcertante, vestida con ropa extremadamente anticuada y ajada. Pronto dedujo que se trataba de la señora Benítez, a quien ella misma había ofrecido trabajo como ama de llaves de su casa, aunque sin conocerla, tan solo le había enviado una carta. Con un gesto amable pero desconcertado, Regina le invitó a pasar.

La casa de Regina era más bien una mansión propia de su época, y era cierto que necesitaba un ama de llaves, pero esta mujer era una promesa suya. Tras una larga enfermedad, había hecho la promesa a la patrona de su tierra de que daría una oportunidad a alguna ex convicta. Ella era muy consciente de que nadie ofrecería trabajo a una mujer que hubiese pasado años en la cárcel, y menos para trabajar en su propia casa. La señora Benítez había sido acusada de asesinar a su propia hija y enterrarla en su jardín.

El comisario de su pueblo, que nunca había ocultado su afecto, y algo más, hacia Regina le había explicado las razones por las que aquella mujer había sido condenada, y al conocerla no pudo evitar recordar las palabras del comisario Peris.

-Es usted muy generosa y confiada, doña Regina, pero esa mujer escondió a su hija durante años, y finalmente la asesinó y enterró en su jardín. Me inquieta la idea de que vaya a vivir en su casa.

-Pero usted me dijo que ella juraba una y otra vez que jamás tuvo una hija- Regina le había contestado.

-Nos fiamos de varios testigos que aseguraron haber visto a la niña de vez en cuando por las noches en el jardín.

-¿Por qué la mató, y cómo?-le había vuelto a preguntar al comisario.

-La gente dice que probablemente era hija del pecado, de un incesto, según se comentaba. Respecto a la forma en la que la mató, lo único que se sabe es que la asfixió con una especie de cordón grueso hecho de tela de flores. Algo muy extraño.

Aquellos fueron los únicos datos que le había proporcionado el comisario, pero por lo que Regina pudo comprobar todo eran habladurías, no había pruebas objetivas. Quizás sería buena idea buscar testigos, pero primero la observaría, y le daría una segunda oportunidad en la vida, tal y como había prometido hacer.

La señora Benítez, que se llamaba Juana, se instaló a vivir en la mansión de Regina. Era una mujer silenciosa, y bastante extraña. Poco a poco comenzó a tener miedo de estar a solas con ella. A veces la escuchaba hablar sola, como si se comunicara con alguien, sobre todo susurraba cosas cuando estaba en su habitación, aunque quizás fuesen oraciones, pero no parecía muy creyente, porque ni siquiera llevaba una cruz ni ninguna medalla. De hecho Regina le había regalado un colgante con una pequeña cruz de plata, y ella no se lo había puesto.

Marzo de 1897

Una noche, estando Regina dormida, una risita la despertó. No era algo alegre, daba miedo. Por debajo de la puerta observó que la luz del pasillo estaba encendida, y unas sombras pasaban por delante. Al poco rato pudo distinguir la voz de Juana susurrando. Estaba hablando con alguien, sin lugar a dudas.

Aquella noche no pudo dormir, se había limitado a cerrar la puerta con llave y a escuchar, pero a la mañana siguiente hablaría con Juana y la despediría. Le daba demasiado miedo aquella situación. Sin embargo, algo desconcertante ocurriría Después del desayuno le invitó a sentarse y le preguntó directamente sobre el asesinato del que se le acusaba. Juana se quedó pálida, porque no se esperaba aquel interrogatorio, pero tomó aire y habló.

-Verá señora, ya sé que me tomará por loca, pero yo nunca tuve una hija, simplemente me mudé a vivir a una casa que había heredado, y entonces todo cambió. La casa era hermosa de aspecto, pero terrorífica para vivir en ella. Allí ocurrían cosas, recibía visitas nocturnas no deseadas. Sobre todo había una presencia perturbadora; se trataba de una niña. Sé que era un mal espíritu. Algunas personas la vieron alguna noche deambulando por el jardín, y pensaron que era una hija que yo ocultaba. Cuando la Policía cavó en el jardín hallaron un cadáver, que justo se correspondía con la terrible presencia que me atormentaba, pero yo le aseguro que no la conocía de nada, excepto por sus visitas aterradoras.

-Esta noche yo la escuché a usted hablando con alguien, ¿no es así?-le preguntó Regina, cada vez más sorprendida.

Juana se quedó mirándola con cara de sorpresa, sin atreverse a decirle algo, pero ante la insistencia de Regina, por fin habló.

-Me temo, señora, que usted ha comenzado también a recibir visitas. Yo no he salido de mi habitación- concluyó Juana, pidiendo permiso a la señora para continuar con sus múltiples tareas.

Regina se quedó perpleja, callada, sin saber qué era exactamente lo que estaba ocurriendo en su casa, ni qué era lo que podía ocurrir. Se planteaba que quizás ella podría sufrir algo parecido a lo que le había ocurrido a Juana. Hasta el momento nunca había presenciado nada extraordinario en su casa, pero ya no sabía qué pensar. Quizás esa mujer había traído algo perverso con ella. En los próximos días se plantearía qué hacer al respecto.

Abril de 1897

El Comisario Peris, agachándose para recoger pruebas en el jardín de Regina, se inclinaba sobre la fosa y afirmaba, sin apenas contener la emoción:

-Confirmado, se trata de doña Regina. El cadáver muestra exactamente la mismas características del de la niña. Estrangulada con un cordón hecho con un trapo de flores. Lo siento mucho, mi querida amiga. Pudo más su buen corazón que el sentido común- decía en voz baja mirando el cuerpo sin vida de la confiada señora, y secándose con la mano la lágrima que se deslizaba por su mejilla.

 

“El hombre noble conserva durante toda su vida la ingenuidad y la inocencia propias de la infancia.”

Confucio

 

FIN

Imagen: Odoardo Borrani “Mujer con Vela”


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