CITA CIEGA

CITA CIEGA

Registro Propiedad Intelectual: M-005303/2019

Isabel Puyol Sánchez del Águila

 

Sentado delante de su ordenador, Darío se ilusionaba con la idea de conocer a esa chica misteriosa con la que acababa de comenzar a enviarse mensajes. Ella se llamaba Verónica y decía tener veinticinco años. La página de Internet en la que se habían conocido se llamaba “Cita a Ciegas”, y era, como tantas otras, una forma de poner en contacto a gente que buscaba pareja. Parte del morbo que le había producido este foro era que no podían poner foto de perfil, simplemente tenían que chatear y conocerse. Darío le había dicho que tenía cuarenta años, y que llevaba varios años divorciado y con muchas ganas de rehacer su vida. Ahora tenía una nueva ilusión, y todos los días, al volver del trabajo, lo primero que hacía era sentarse delante del ordenador y chatear con Verónica.

Darío

-¿Qué tal te ha ido el día?

Verónica

-Muy bien, pensando en ti todo el rato. No conseguía centrarme en la oficina.

Darío

-Yo sueño contigo todos los días, aunque tu descripción no es suficiente, quiero verte.

Verónica

-Prefiero conocerte un poco más. Todos los hombres sois impacientes. Solo sé de ti tu edad y estado civil. Sé que te cuidas mucho y que eres moreno. También me has dicho que eres ingeniero, peo quiero saber cosas más personales.

Darío

-Pregúntame lo que quieres, pero tú también tienes que contarme cosas tuyas. Me gusta este juego jajajaja…

Verónica

-Sé sincero ¿eh?. Primero quiero que me digas si prefieres que sea tal y como soy, joven, rubia, alta y atractiva, pero con el trabajo mal pagado que tengo, o más mayor y menos guapa pero con muy buena posición.

Darío

-¡Qué mala eres!, me gustas mucho. Primero tendría que verte, pero tal y como te imagino, y después de haber chateado contigo no te cambiaría por ninguna mujer rica. Ahora dime tú qué llevas puesto.

Verónica

-No llevo nada. Hace calor…

Darío

-¿Estás desnuda?

Verónica

-Ahora el malo eres tú jajaja. Quiero saber más cosas sobre ti. Por ejemplo, cuál fue la última relación que tuviste, dime su edad y su posición.

Darío

-No entiendo que te interese, porque a mí me gustaría que siguiésemos hablando de lo que estamos haciendo en este momento, y esas cosas, tú ya me entiendes…pero bueno, te contesto para que veas que voy en serio contigo. Mi última relación fue con una mujer divorciada como yo. Teníamos la misma edad y era directora de Marketing de una gran empresa.

Verónica

-¿Por qué no funcionó?

Darío

-Cosas de la vida, ya sabes. Tenía dos hijos y cuando estaba con ellos no podíamos hacer nada, además sus padres eran mayores y tenía que dedicarles bastante tiempo. Yo estoy solo y necesito otro tipo de vida. La vida que me gusta es la que te propongo ahora, ¿por qué no quedamos este fin de semana en un hotel?, ¿qué puede pasar? Si no nos gustamos nos volvemos a Madrid.

Verónica

-Quizás nos llevemos una gran sorpresa, ¿has pensado que yo puedo ser una asesina, o tal vez asesino?. Eso sería bastante peor que si tuviera hijos o padres mayores a los que atender…

Darío

-Estoy dispuesto a asumir el riesgo. Me das morbo. ¿Qué tal si quedamos en un hotel de la sierra?

Verónica

-Me encanta la idea, pero déjame elegir a mí el sitio. Te adjunto el enlace del hotel. Podemos quedar el próximo sábado a las nueve de la noche. Estoy deseando estar contigo…

Darío

-No sé si aguantaré hasta el sábado. Esta noche no voy a poder dormir, y es por tu culpa. Por cierto, eres una chica muy previsora, porque ya tenías preparado el enlace con el hotel, eso te hace todavía más irresistible…

Ese fue el final de la conversación. Verónica solía desaparecer así, de repente, sin despedirse, pero eso despertaba en él más interés y deseo. Se la imaginaba de tantas maneras posibles que temía llevarse una decepción. Otra cuestión que le angustiaba era la idea de que ella sintiese un cierto rechazo al verle, porque se había quitado algunos años, y sin duda ella esperaría ver a alguien más joven, pero tenía que arriesgarse.

Las noches que pasaron hasta el sábado en el que habían quedado Darío no paraba de tener pesadillas. Soñaba que llegaba al hotel y se encontraba con una octogenaria. Otras veces el sueño era que se trataba de un hombre, incluso un asesino en serie. Aquella cita era realmente arriesgada, pero emocionante.

Llegó el sábado por la noche y Darío se dirigió al pequeño hotel de la sierra donde habían quedado. Fue con mucho tiempo de antelación por miedo a llegar tarde. Nada más aparcar su coche contempló el entorno, y el propio hotel. Todo era tan espectacular que parecía un sueño. Estaba muy nervioso, no sabía qué hacer mientras esperaba. Conforme pasaba el tiempo pudo observar que aquel hotel debía de ser un lugar de encuentros, porque había otros hombres y mujeres que esperaban solos apoyados en sus coches, o incluso en el bar.

Cuando eran ya las once de la noche, para su desesperación, Verónica no aparecía por ningún lugar, de modo que Darío fue a recepción a preguntar si había alguna reserva a nombre de ella o de él mismo, pero la respuesta fue negativa. El ambiente allí era extraño de modo que después de esperar otro par de horas decidió volver a casa. La rabia le superaba, estaba desesperado y se sentía ridículo. Darío le había enviado al menos treinta mensajes desde su móvil, pero Verónica no daba señales de vida.

De vuelta a Madrid, al llegar a casa encendió el ordenador y al entrar en la página “Cita a Ciegas”, un desconcertante mensaje aparecía en la pantalla: “Esta página no existe”. No entendía nada, estaba hundido y rabioso. El hecho de que una chica le hubiese tomado el pelo era incomprensible, ¿quién perdería su tiempo haciendo algo así?, pero más extraño aún era que la propia web hubiese desaparecido.

Pasaban los días sin tener respuestas ni deseo alguno de seguir buscando citas por Internet. Sin embargo, hubo un lunes por la mañana, desde el ordenador de su despacho, que ojeando la prensa, como hacía cada día al llegar a su trabajo, vio algo tremendo en la prensa.

“Según el estudio, denominado VERÓNICA, llevado a cabo por la empresa de investigaciones sociológicas COFS, la población de hombres y mujeres que buscan pareja se divide de la siguiente forma:

Hombres entre cuarenta y cincuenta años prefieren a mujeres jóvenes para relación esporádica sin importarles su posición social…….los varones mayores de cuarenta rechazan una relación que implique sacrificios…”

El estudio continuaba de una forma humillante para él, pasando luego a analizar de forma idéntica el comportamiento de las mujeres. Estaba claro que todos los que habían sido citados en aquel hotel habían sido tratados como ratas de laboratorio. Lo peor de todo era que no podía quitarse de la cabeza a Verónica, incluso sabiendo que nunca existió. Tal y como le decía su mejor amigo cuando se lamentaba de su situación, el amor no deja de ser una idealización, una proyección de lo que realmente deseamos.

Mirando por la ventana la puesta de sol, Darío se preguntaba cuántas Verónicas más aparecerían en su vida. A pesar de todo, deseaba que fuese pronto. Tenía que admitir que aquel humillante estudio también le había servido para conocerse un poco más a sí mismo; había sido como mirarse en un espejo por primera vez en su vida. Además, ahora sabía que su deseo de sentir de nuevo la ilusión del amor era muy superior al miedo de ser herido una vez más…

“Aguda espina dorada quien te pudiera sentir en el corazón clavada” autor: Antonio Machado de “Yo voy soñando caminos”

FIN

Imagen: Cupido en Baile de Disfraces de Franz Stuck


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