DESCARRILADO

DESCARRILADO

Registro Propiedad Intelectual: M-005303/2019

Isabel Puyol Sánchez del Águila

 

-Empiece a contarme otra vez todo desde el principio, ¿Es verdad que usted entró en ese tren para robar?- le preguntaba el comisario a Nicolás.

-No exactamente, pero déjeme contarle todos los detalles sin interrumpirme por favor- continuaba Nicolás.

“Yo andaba por el campo aquella tarde de domingo, y era la primera vez que me adentraba por aquel camino. El campo estaba lleno de flores y solo se escuchaba el canto de las cigarras. De repente vi algo a lo lejos. Era negro, metálico, y resplandecía bajo el sol. Me dirigí hacia allí con sigilo, porque no sabía muy bien qué podía ser aquello. Cuando me acerqué pude comprobar que se trataba de un viejo tren abandonado, de los antiguos, de hecho era del siglo XIX, o al menos una imitación. Sentí una curiosidad enorme por ver qué había dentro, porque algo así no se deja olvidado. Quiero decir, que debería estar en un museo. Resultaba triste e irresistible a la vez, porque se trataba de varios vagones descarrilados, como si se hubiesen salido no solo de la vía, sino también del tiempo. Dos de los vagones estaban volcados, Así que entré en el que estaba en pie. Tuve miedo al abrir la puerta, porque no tenía la menor idea de qué o quién podría estar dentro. No me costó mucho trabajo abrir la vieja portezuela. Lo único que quería era ver cómo eran por dentro los trenes antiguos, pero también, admito que quería llevarme de recuerdo alguna pieza para poner en mi salón.

Una vez dentro sentí náuseas, porque había un olor muy desagradable. Para mi sorpresa, los antiguos asientos se conservaban casi intactos, incluso había algunas bolsas de tela por el suelo, pero no me atreví a tocarlas. Parecían equipaje, pero no de este tiempo. Fue entonces cuando me di cuenta de que estaba en el set de una película, y entonces salí de allí rápidamente. Sin embargo, cuando me encontraba ya fuera escuché el llanto de un niño o niña que parecía desesperado, y que procedía de uno de los vagones que estaban volcados. Con mucha dificultad conseguí acceder al interior, entrando por una ventana. Al entrar algo me dejó horrorizado. Todo estaba lleno de cadáveres y había sangre por todas partes. Entre los cuerpos amontonados, una niña de no más de cuatro años lloraba aterrorizada y desesperada. Yo traté de reconfortarla y la saqué de allí como pude.”

-¿Qué hizo usted con la niña?-continuaba el comisario con su interrogatorio.

-Déjeme que siga contándole:

“Una vez fuera, la pequeña no paraba de llorar y yo la abracé y le pregunté su nombre. Me dijo que se llamaba Laurita, y no hacía nada más que preguntar por su mamá. Yo comprobé que no estaba herida, pero estaba muy angustiada. Supuse que su madre estaba dentro del vagón, de modo que no tenía más remedio que entrar allí de nuevo a buscarla, pero la idea me daba pavor. Ante el llanto de la niña volví a entrar en aquel infierno. No había nadie vivo, y casi todos los cadáveres estaban mutilados. Era horrible. Cuando salí de allí, la niña ya no estaba. Salí corriendo a buscarla y no la encontraba por ninguna parte. Por eso vine aquí, para pedir ayuda. No sé si están rodando una película o no, pero hay que buscar a esa niña”

-Verá, señor Guillén, cuando usted vino a contarnos esta historia, fuimos varios agentes, y yo mismo, a localizar el tren donde usted nos había indicado. Sin embargo, yo le puedo asegurar que ahí no hay nada.

-Eso es imposible, yo mismo saqué a Laurita de aquel amasijo de hierros y cadáveres- le interrumpió Nicolás.

-Ahora sea usted quien me deje hablar a mí.

“Cuando usted nos contó con todo lujo de detalles que había rescatado a una niña y que luego la había perdido de vista, por tratarse de un tema de gran importancia nos pusimos a investigar. Lo del tren podría haber sido una alucinación suya, producto de alguna sustancia que hubiese consumido. Sin embargo, habiendo una menor en esta historia había que buscarla. Lo primero que hicimos fue hablar con el alcalde del pueblo para saber si había alguien buscando a una niña de esa edad. Cuando le expliqué lo que usted nos había contado le cambió la cara, y comenzó a hacernos muchas preguntas, en este caso él a nosotros. Le pidió a su secretaria que llamase a la bibliotecaria, y ésta se presentó de inmediato. Ella, que guardaba todos los recortes de prensa donde hubiese aparecido el nombre del pueblo desde que existía prensa escrita, se quedó perpleja.

-Eso no puede ser, señor alcalde- le dijo- Verá en 1960 una anciana que era vecina de este pueblo, y que se llamaba doña Laura Gómez, fue entrevistada por un periódico de tirada nacional. Fue un caso que pronto se silenció por el misterio que encerraba. La anciana contaba que a finales del siglo XIX, siendo ella una niña de cuatro años, viajaba en un tren con su familia, pero descarriló y murieron todos. Ella se vio atrapada en un amasijo de hierro y cadáveres, entre ellos los de sus padres. Sin embargo, de repente una potente luz entró por la puerta, y un hombre vestido de niño entró a rescatarla. Sin embargo, al salir del tren se vio sola, el hombre había desaparecido, y pronto se encontró con la gente del pueblo que corrió a socorrerla.

Como verá, su historia no tiene ningún sentido,- continuaba el comisario- a menos que usted en algún momento de su vida leyese esa noticia, y ese día sufrió una alucinación y se creyó que era ese hombre. ”

Lo que decía el comisario tenía bastante sentido, ya que el día en el que ocurrió todo él había tomado alguna copa de más, pero había algo extraño en todo aquello. La anciana había dicho que recordaba que era un hombre vestido de niño, y precisamente él iba vestido con pantalón corto y gorra cuando entró en el tren, y los hombres de aquella época no se vestían así. Pero si misterioso había sido lo que le había ocurrido a él, más aún era lo que había contado doña Laura, ya que su rescatador se había esfumado, desvanecido en el aire, y nadie sabía nada de él.

En cualquier caso, Nicolás se sentía en cierto modo feliz de haber rescatado a una niña. Sin embargo, carecía de lógica y de explicación que hubiese podido dar un salto en el tiempo para hacerlo, pero el hecho era que lo había hecho. Se preguntaba si algún día cuando él se sintiese en peligro alguien pudiese venir en su ayuda aunque fuera desde el futuro, o desde el pasado, el caso era que siempre puede haber alguien dispuesto a ayudarnos.

FIN

Nota: Uno de los veranos de mi niñez, una amiga me invitó a pasar el verano en su “casa de verano”. Se trataba de un viejo tren extremadamente antiguo que se encontraba en medio del campo. No había restos de ninguna vía, ya que la vegetación lo cubría todo. No recuerdo el número de vagones que eran, pero tal vez tres o cuatro. Lo habían decorado conservando el estilo de la época a la que pertenecía, de modo que resultaba lujoso, acogedor, y misterioso a partes iguales. A veces aparece en mis sueños, porque resultaba en cierto modo inquietante. La única forma en la que podía haber llegado hasta allí era habiendo descarrilado en el s.XIX, por lo que aquel lugar no podía dejar a nadie diferente. A día de hoy, aquí estoy, hablando de él…

Imagen: autor A.Dixon, título “Esperando a ser llamada”


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