EL DILEMA

EL DILEMA

Registro Propiedad Intelectual: M-005303/2019

 

Isabel Puyol Sánchez del Águila

¿Qué es eso que te tiene tan angustiada?- le preguntó Candela a su amiga Úrsula.

-Tengo que decidir quién miente y quién dice la verdad. Todo empezó hace unas semanas. Yo acababa de mudarme a vivir en un barrio del centro. Todas las tardes salía a hacer la compra. Todo era aparentemente normal, hasta que un día, una anciana comenzó a perseguirme por la calle. Yo, pensando que tendría algún tipo de demencia, aceleré el paso, pero aquello no acabó allí. Una de las tardes, al salir del portal me encontré con ella esperándome. Se acercó a mí con mirada de horror, y susurrando me dijo:

-Hay una presencia siempre a su lado. No es de este mundo, no debería estar aquí. Quiere algo de usted, por eso no sigue su camino hacia el otro lado- dijo susurrando antes de marcharse.

Yo, sin saber qué decirle le di las gracias, pero no pensé que estuviese en sus cabales. Sin embargo, a partir de ese momento comencé a sentirme incómoda, como si alguien me vigilase. Incluso cuando voy a beber, porque es un hábito que no he conseguido abandonar, me siento observada.

Pero ahí no quedó la cosa. Estando un día en la frutería, la mujer que regentaba el negocio, comenzó a hablar conmigo, abordando el tema directamente.

-Perdone que me meta en sus asuntos, pero últimamente la veo caminar por la calle, y una mujer de negro, muy siniestra va detrás de usted. No le haga caso, está loca, asusta a la gente porque dice que tiene visiones.

Ya no sabía qué hacer ni a quién creer, aunque lo que me había dicho la frutera era más fácil de comprender y asimilar. Pero tampoco me tranquilizaba que una persona perturbada me siguiera por la calle. Sin embargo la historia no acaba ahí.

Estando una tarde tomando una café en una terraza cerca de mi casa, el camarero comenzó a hablar conmigo. Primero del tiempo, pero luego me habló del tema que comenzaba a preocuparme.

-La he visto hablando algunas veces con la frutera. Tenga cuidado con ella. Está obsesionada con una anciana que vive en el barrio, y trata de poner a todo el mundo contra ella, simplemente porque le produce terror- me aseguró, dejándome aún más desconcertada.

Todo aquel asunto comenzaba a preocuparme, porque ya no sabía quién tenía razón, y la cosa se complicó cuando el portero, una tarde que llegaba del trabajo, me hizo un extraño comentario.

-Veo que hoy llega tarde- me dijo- no le va a dar tiempo a tomar un café en la terraza, como el otro día. Mejor así.

-¿Por qué dice eso?-le pregunté.

-Porque el camarero que regenta ese local es el exmarido de la frutera, y previene a todo el mundo contra ella. Es mejor no entrar en esas guerras- me dijo, dejándome totalmente desconcertada.

Pero la cosa tampoco acabó ahí, porque al día siguiente, cuando bajaba en el ascensor, coincidí con una vecina, que al ver al portero en el portal aceleró el paso. Una vez en la calle, se volvió hacia mí y me dijo:

-Es mejor evitar al portero, porque es un cotilla que habla mal de todo el mundo, y le gusta inventarse historias.

Llegados a este punto, mi querida amiga, me pregunto a quién creer. Todo el mundo tiene su propia versión, y me previenen unos sobre otros. Es como una cadena de confusión. Todos desconfían de todos. Me gustaría saber qué piensas tú.

-Yo lo veo claro-le respondió Candela

-Pues explícamelo.

-Verás, Úrsula, todos llevan razón. La frutera teme a la mujer de negro, y su exmarido aprovecha esa debilidad para hablar mal de ella. El portero es muy cotilla y se fija en lo que habla todo el mundo y lo va contando por ahí. Respecto a la vecina, es normal que te aconseje que no le cuentes nada, porque conoce el defecto de ese hombre y su falta de discreción.

-¿Qué papel tiene entonces la mujer de negro?-le preguntó Úrsula

-Ella tampoco miente, Úrsula- contestó Candela de forma enigmática.

-¿Quién puede ser esa presencia que no pertenece a este mundo?-preguntó Úrsula asustada.

En aquel momento se produjo un elocuente silencio. Úrsula miraba fijamente a Candela mientras ésta se iba difuminando con la luz. Ahora comenzaban a encajar las piezas de aquel puzle. Casi sin aliento por la impresión fue a hacer una llamada. Desde que había tenido el accidente por conducir ebria, no había vuelto a llamar a la familia de su amiga Candela para preguntar cómo estaba. Ella había conseguido engañar a la Policía diciendo que quien conducía era otra de las amigas, que había fallecido en el acto.

Tal y como pudo comprobar, Candela había muerto en el hospital unos meses después de haber estado en coma. Su dilema era simplemente si seguir viviendo con su mentira o enfrentarse a su realidad y dar la cara. Ahora comprendía la misión de su amiga Candela, y con el corazón hecho pedazos se dirigió a la comisaría más próxima. Comprendió que nadie escapa a la justicia sea en este mundo, o en el otro.

FIN

Imagen: “La Absenta”, autor: Degas


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