UNA EXPERIENCIA DIFERENTE

UNA EXPERIENCIA DIFERENTE Registro Propiedad Intelectual: M-005303/2019 Isabel Puyol Sánchez del Águila A pesar de su juventud, porque todavía no había cumplido los treinta, Martina lo había probado casi todo en la vida. Su necesitad permanente de adrenalina le hizo lanzarse a experimentar algo nuevo, peligroso, y de final incierto. Lo primero que hizo fue alquilar una aislada y desvencijada cabaña en la montaña, rodeada de naturaleza, pero también de abandono. A través de las redes sociales, después de una selección previa, invitó a cuatro personas desconocidas a pasar un fin de semana todos juntos, solo había una condición. Cada uno de ellos tenía que tener algún secreto escandaloso que confesaría allí, algo inmoral que hubiese hecho, y tenía que poder demostrar que era cierto lo que contaba. Llegó el día en el que los había citado justo en la puerta de la cabaña. Previamente les había facilitado un plano para que pudiesen llegar hasta allí. Eran dos hombres y dos mujeres, todos de la misma edad que ella. Parecían normales, incluso amables, podría haber sido un buen plan, excepto por el hecho de que eran unos desconocidos, y a juzgar por la rapidez con la que habían aceptado el reto, cualquier cosa podría esperar de ellos. El juego comenzaría a las doce de la noche del sábado. Cada uno tendría que escribir en un papel, cuál era su escandaloso secreto, pero sin poner su nombre. Luego, Martina tendría que decir qué secreto correspondía a cada uno. En principio, todos llevaban una vida normal. Roberto era informático, y estaba divorciado. No tenía hijos. Era un chico muy atractivo. Había querido participar en el juego porque su trabajo le aburría. Necesitaba algo realmente emocionante. Max estaba en el paro, y no tenía un oficio concreto, trabajaba en lo que podía cuando le salía algo. Su aspecto era algo desaliñado, y parecía tímido, aunque era muy educado. A pesar de su timidez, había querido estar allí porque necesitaba ocupar su tiempo en alguna actividad, y un fin de semana en el campo le había parecido una buena opción. Valeria era ama de casa, y estaba algo agobiada con su vida. Había aceptado el reto porque necesitaba, tal y como decía ella, un poco de oxígeno. Sentía que se ahogaba con la monotonía. Mónica era profesora de instituto, y nunca había estado casada, pero tenía novio. La idea de jugar a contar secretos le atrajo desde el principio. Le gustaban los retos, y todo tipo de diversiones, sin excepción, porque además no tenía responsabilidades fuera del trabajo. A las doce de la noche, después de una agradable cena, y sobremesa, se sentaron los cinco en una mesa redonda que había junto a un ventanal, y se dispusieron a escribir su secreto, y a explicar por qué lo habían hecho. Al poco rato, Martina abrió los papeles que todos habían doblado cuidadosamente y depositado en una cajita. Comenzó a leerlos en voz alta, mientras todos escuchan con tensión: “Maté a un gato metiéndolo en una olla a presión. Simplemente quería probar una experiencia de crueldad, saber qué se siente.” Todos contuvieron la respiración y se miraron de reojo. Había tensión en el ambiente. “Abandoné a mi padre en su lecho de muerte, murió solo, ni siquiera fui a despedirme de él. Lo hice porque me salió la oportunidad de disfrutar de un fin de semana en la playa con alguien que acababa de conocer en Internet.”. El ambiente se enrarecía por momentos. “Fui testigo de un asesinato cruel, pero no llamé a la Policía, ni he acudido denunciarlo. En el momento en el que ocurrieron los hechos yo había consumido drogas y tenía mercancía en casa, además me dio pereza el tener que ir a declarar y todo ese rollo. Ahora no puedo ir porque me acusarían de no haber avisado a la Policía cuando estaba ocurriendo todo.” Finalmente, y cuando todos comenzaban a arrepentirse de haber ido hasta allí a participar en aquel juego macabro, Martina leyó el último: “Suministré alcohol a una persona alcohólica con la que entablé una interesada amistad. No podía beber, tenía cirrosis. Le quedaba poca vida. Lo hice para que me dejara su piso en herencia lo antes posible, porque no tenía ningún sitio al que ir, gracias a eso ahora tengo casa.” Todo lo que acababan de escuchar era repugnante. Todos se miraban de reojo, porque obviamente cada uno de ellos consideraba que su secreto era menos horrendo que el de los otros. Martina, cuya inteligencia era muy destacada, parecía tener claro quién era el responsable de cada hecho. -Creo que tú, Valeria, abandonaste a tu padre en su lecho de muerte porque necesitas huir de la monotonía, y eres capaz de lanzarte al vacío, como has hecho ahora, para apartarte de tu realidad, ¿me equivoco? Valeria bajó la cabeza en silencio, ante la atenta mirada de los demás. -Respecto a ti, Max, pienso que tu situación laboral tan inestable hace difícil que puedas acceder a una vivienda, por eso yo diría que te pareció que la única forma de acceder a una vivienda era “heredando”, ¿no es así? Max hizo el mismo gesto que Valeria. -Mónica, estoy convencida de que tú fuiste testigo de aquel asesinato, pero “no tuviste tiempo” de ir a denunciar porque siempre estás ocupada en tus aficiones, que parecen muchas. Te pudo el egoísmo. Mónica la miró desafiante y no le contestó, pero era obvio que Martina había acertado. -Solo quedas tú, Roberto, y tu horrenda acción. Torturaste a aquel gato porque eres adicto a la adrenalina. Tu vida y tu trabajo, unido a la falta de responsabilidades, te aburre tanto que no sabes qué hacer para sentir alguna emoción, sea del tipo que sea. Roberto, al contrario que sus compañeros de juego, se quedó callado durante unos segundos, pero al poco rato era él quien tenía una pregunta que hacerle. -Dinos ahora tú, querida Martina, cuál es tu secreto inconfesable- le sugirió Roberto con Sarcasmo al pronunciar la palabra “querida”. Martina se quedó callada, pero no se mostraba molesta por la pregunta. Sonreía, aunque no era una sonrisa amable… Una semana después, en la Prensa aparecía una noticia: “Dos hombres y dos mujeres aparecen asesinados en una cabaña de la sierra. Todo parece indicar que fueron convocados a través de Internet por una mujer que ya ha sido detenida. El móvil no es otro que el deseo de probar una experiencia diferente, según las propias palabras de la detenida, que según ha expresado: “Quería saber qué se siente al matar a malas personas, si estás haciendo justicia, o simplemente eres como ellos.” Otra vez más, Internet resulta un sitio peligroso para hacer amistades con desconocidos…” La pregunta que le había hecho Roberto respecto a cuál era el secreto inconfesable de ella, obtuvo su respuesta, aunque ninguno de ellos se lo había podido imaginar. FIN

Imagen: “Cabaña en la Montaña” de Nicholas Roerich


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s